Soy escritora, tallerista y acompañante de procesos creativos.
Antes de saber qué era un poema, ya le entregaba papelitos con versos a mi abuelo. Él los guardaba en el cajón de su buró y me llamaba poetisa, como Sor Juana, decía y pues yo me imaginaba puras bellezuras. Por alguna azarosa y feliz razón, los poemas llegaron antes que la clase de español.
Tiempo después estudié un par de años Arquitectura buscando una forma de habitar el mundo. La encontré en las Letras Hispánicas, en la UNAM. Y desde entonces la escritura ha sido mi forma de poner atención — a los cuerpos, a la naturaleza, a los vínculos que sostenemos y a los que rompemos sin darnos cuenta.
Con el tiempo, esa práctica se volvió método. No uno que aprendí en un manual — sino uno que fui construyendo desde la intuición, la lectura profunda y el acompañamiento de muchas escritoras que llegaron con miedo y se fueron reconociendo su propia voz.